Últimamente estuve pensando mucho en el tema del amor (se darán cuenta porque hice dos posteos sobre el tema en dos días, perdón). Como una chica de 19 años que creció rodeada de comedias románticas, películas de Disney, animes shoujo y libros donde los protagonistas encuentran a su alma gemela entre los 14 y los 17 años, tengo que confesar que me dolió terminar la secundaria sin haber tenido ese "romance adolescente" de película. Creía que para los 18 ya tendría una relación con alguien para toda la vida… claramente, no fue así.
Con la claramente poca experiencia que tengo en el tema, mi fuente de conocimientos son las redes sociales, pero ahí veo una contradicción. Estamos en la era de la tecnología, donde con un clic podemos conocer a alguien nuevo, y sin embargo, parece que nunca fue tan difícil empezar algo: tenemos muchas herramientas para conocer a alguien, pero al mismo tiempo, pareciera que tenemos mucho miedo de hacerlo.
La construcción real
Vivimos consumiendo un amor que parece un tablero de Pinterest:lleno de constantes viajes y cenas lujosas. Este chip que tenemos nos lleva a creer que, si la relación no es perfecta, hay que descartarla: "Si él no lo hace, cambialo/a, alguien más lo va a hacer". Como si a un paso de distancia estuviera esa persona ideal con la que todo fluiría sin esfuerzo.
Pero acá es donde quiero plantear mi postura: la ficción nos enseña que el amor es solo un flechazo, pero eso no es tan así. Estamos acostumbrados a reconocer el amor por cómo se siente, pero no por cómo se construye. Tener problemas no es una falta inmediata de compatibilidad, es parte del crecimiento como pareja. Amar a alguien es aceptarlo con sus defectos, y eso es mucho más valioso que un ramo de rosas gigante todos los días. A veces, nuestras expectativas irreales parecen funcionar como mecanismos de defensa: ponemos la vara altísima para que nadie llegue, porque nos da miedo jugárnosla por alguien de verdad, alguien imperfecto que sí nos pueda lastimar.
El "Te amo" como fin
En muchos libros actuales veo el mismo patrón: sé que los protagonistas se aman porque se lo dicen, pero no actúan como tal. El verdadero amor no está en el "te amo" del capítulo final, como si ese fuera el cierre de la historia, sino en la capacidad de gestionar un conflicto en el capítulo que sigue.
Siento que Disney nos vendió el inicio de la relación como un fin, un “felices para siempre”, cuando en realidad, ahí es donde empieza el verdadero trabajo juntos.
¿Una pareja proveedora?
Hoy está muy de moda la idea de que el amor solo cuenta si viene con regalos costosos o una pareja que sea "proveedora" económica. Muchas veces los videos de redes ponen expectativas exorbitantes sobre cosas triviales como “cuanto tiene que gastar tu pareja en vos para saber si te quiere”. Claramente la estabilidad financiera es importante, pero, ¿es lo único?
En mi opinión, no sirve un estilo de vida cómodo si, ante el primer malentendido, te encontrás frente a una persona que no sabe (o no quiere) gestionar sus emociones. Los conflictos sin resolver son plagas que destruyen cualquier casa, por más lujosa que sea.
Un compañero de vida
No digo que tengamos que soportar cualquier cosa, sino que dejemos de lado las expectativas irreales. En una relación, son ustedes como equipo frente al problema, no ustedes enfrentándose entre sí.
La seguridad económica es valiosa, pero la seguridad de ser vulnerable sin ser juzgada o juzgado es, a mi parecer, algo mucho más especial. Encontrar a alguien que solo te mantenga es conseguir un/a proveedor/a, pero encontrar a alguien dispuesto/a a incomodarse en una conversación para resolver un conflicto, es encontrar un/a compañero/a de vida.
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